martes, 4 de febrero de 2014

Una tienda en París

Una semana, un Libro
En su intento por cambiar de vida Teresa nos lleva a París y nos introduce en la vida de la misteriosa Alice.

De esto se trata, en pocas líneas, la tercera novela de Máxim Huerta.

Titulo: Una tienda en París

Autor: Máxim Huerta

Editorial: Planeta

Recomendación: una historia con la dosis justa de sentimentalismo, romanticismo y emoción.


No voy a mentir. Lo primero que me llamó la atención de este libro es su portada. No conocía a su autor, Máxim Huerta, y tampoco me despertó gran interés la descripción en su contratapa:

“¿Alguna vez has pensado en empezar de cero en otra ciudad?
Fue entonces cuando todo cambió. Justo al acercarme a aquel viejo cartel de madera escrito en francés que vendían en un anticuario improvisado de Madrid. Aux tissus des Vosges. Alice Humbert. Nouveautés.
Entré sin decir nada. Tenía la mirada perdida del que logra lo que quiere. En pocos segundos presentí un vuelco y una irreprimible necesidad de cambiar de vida. Traducido quería decir: Tejidos de los Vosgos. Alice Humbert. Novedades. Significaba más, mucho más...”

A esta descripción de la trama se agrega un “terriblemente sentimental” y un aterrador “libro más romántico del año”.

Partiendo de esto uno imagina que se encontrará con una historia sin grandes sorpresas, que quedará perdida en la memoria del lector al dar vuelta la última página.

En mi caso esto no ocurrió. Máxim Huerta supo poner en las páginas de Una tienda en París la dosis justa de creatividad, romanticismo y clichés literarios. Hablar del “libro más romántico del año” es un engaño piadoso, porque no se trata de una historia de amor (aunque éste no falta en la trama) sino de descubrimiento personal, de búsqueda y deseo de un destino que pueda controlarse.

El autor deja en claro esto gracias a la simpleza del relato. El simbolismo y la metáfora no son recursos empleados con complejidad y por eso las metas de los personajes son claras desde un principio. Además ayuda en esto que la novela está narrada en primera persona.

Para que el lector crezca a la par de Teresa, Huerta intercala capítulos narrados en tiempo real por Teresa con capítulos que cuentan la vida de Alice. Por supuesto, las historias están contadas en orden cronológico, descubrimos la vida de la dueña de la tienda junto con Teresa. 


Una historia, dos mujeres


Máxim Huerta crea un mundo para Teresa y Alice, dos mujeres de tiempos y orígenes completamente diferentes pero con un objetivo común.

Una tienda en París comienza con Teresa, una madrileña que solamente ve negros y grises en su vida.

Este dato es importante, porque la búsqueda del color, metafóricamente hablando, será el motor de las decisiones e impulsos del personaje. (No es casual que en la portada todo se vea en tonos grises y la protagonista en colores fuertes y vivos).

Esa Teresa sin color me resulta más interesante al inicio de la novela que al final. Al principio puede parecer pesimista en extremo, pero no me resultó cansador. Además, uno puede intuir que rápidamente ese estado anímico va a cambiar.

Máxim Huerta utiliza a Teresa como medio para jugar con las casualidades y la fuerza del destino. Si bien se trata de un lugar común en este tipo de historias, no hay que preocuparse porque no se abusa de este recurso y no aparece como un protagonista indeseable ni se percibe como una salida fácil para dar cierre a la historia. 

Un cartel "llama" a Alice, crea en ella una necesidad de obtenerlo y de averiguar más sobre su origen. Pero no es lo único. Huerta introduce en más de una ocasión pequeñas casualidades y misterios que empujan a la portagonista a vivir una nueva aventura en París. Un ejemplo, es la canción de Françoise Hardy, La Question.



Alice Humbert se introduce en la historia cuando ya conocemos a Teresa y su conflicto principal. Una mujer joven, de clase baja del París de la década del 20. Obligada a introducirse por razones de fuerza mayor en el mundo bohemio de pintores como Modigliani termina por acercarse a la vida exquisita, o el París sofisticado, de Coco Chanel. Los cambios que sufre este personaje son más rápidos y más palpables que los de Teresa. Sin embargo, tomar afecto por Alice es un poco más difícil; creo que tiene que ver con que toma decisiones más fáciles de cuestionar. 

En varias ocasiones me pregunté si Alice Humbert existió en la vida real. Pero para no alterar mi percepción sobre ella decidí investigar sobre el asunto una vez terminado el libro. Sobre esto encontré una entrevista a Máxim Huerta en la que dice: “Hay mucho de literatura y mucho de verdad. Eso ya me lo guardo yo, pero la historia existió. Fue una modelo de aquella época, de las que luchaban y buscaban comida posando para los pintores como Modigliani, que intentaban ganarse unos francos a cambio de posar desnudas. En el fondo, la novela es un homenaje a todas las mujeres de principios del siglo XX, que quisieron ser libres, diferentes. Querían cambiar aquella época. Alice Humbert era una mujer valiente en una época difícil.”

Mi percepción de Alice mientras leía esta historia fue inversa a la que tuve con Teresa. La Alice del principio se me hacía poco querible, la del final me tomó por sorpresa.

Si me permitiera un crítica con respecto a la construcción de la novela es que la historia de Alice, contada por ella misma, terminó de modo brusco, cuando no lo esperaba. Pero Máxim Huerta no nos deja con dudas y concluye esta historia de la mano de Teresa.

Otros personajes importantes son Brígida, tía de Teresa, el profesor de pintura de la joven española, y Mathieu Ardisson, un periodista de Francia que ayuda a Teresa en su búsqueda.

De los tres personajes, el de la tía es una construcción casi estereotipada. La tía mala, con una perversión exagerada y un carácter frívolo en exceso. Poco creíble, pero fundamental para la construcción del personaje central.

El profesor de pintura y Ardisson son personajes similares. De hecho, cuando el profesor desaparece del relato uno no siente su ausencia, ya que rápidamente nos introducen al periodista. Sin embargo no hay que esperar de ellos mucha precisión, porque no son más que hilos de conducción para Teresa. Cumplen esa función y poco más.

En torno a Alice vemos una gran cantidad de personajes que tienen por objetivo retratar la vida en París en los años 20. Interesa más el estilo de vida en el que se ve inserta Alice que la gente que la acompaña en él. Creo además que la poca intromisión en la vida de estos personajes es un punto de acierto por parte del autor, porque en muchos casos son personas que han existido en la vida real (ya nombré a Modigliani y Chanel), que uno puede conocer o ver personificados en otros entornos y la crítica hacia ellos será mayor, perdiendo de vista la importancia de Alice.

No recuerdo haber leído en otra novela sobre el París de esa época. La descripción que hace Huerta me parece un tanto exagerada, pero tengo que admitir ayuda a imaginar a nuestra protagonista y los conflictos internos que tiene que afrontar.

De todas formas, al pensar en Alice recomiendo no perder de vista a su madre, ya que la relación que posee con ésta será en definitiva la relación más importante en el rumbo que tome su vida.

Crítica respecto a los personajes: los conflictos entre ellos se resuelven rápidamente, lo que parece poco realista en la vida real. Quizás la relación entre Alice y su madre es, en este sentido, la más realista.


París


París toma en esta historia una relevancia especial. Huerta nombra sin descanso lugares, comidas, personajes que han marcado a esta ciudad de forma tal que hoy en día son inherentes a la misma.

En esta ocasión, como ocurre en la mayoría de las novelas que tienen por escenario a la ciudad de la luz, nos presentan un París romántico, mágico, elegante y bohemio a la vez.

En pocas ocasiones vemos el París más real, con gente del mundo real, con problemas económicos y sociales. Vemos las dos caras de París, la que tiene color y la que no. Pero ambas se ven de la mano de Alice. Teresa llega a la metrópoli francesa con esperanza y cargada de positivismo; incluso cuando su estado de ánimo no es el mejor, París se transforma en el mejor lugar del mundo para estar mal.

Para quien quiera recorrer el París de Máxin Huerta otra vez puedo sugerir esta nota, en la que repasa los lugares de París que se convierten en escenarios habituales de la novela.

Una tienda en París es una buena novela, con pequeños giros inesperados que aportan emoción. Tarda en comenzar, el conflicto de Teresa se conoce inmediatamente pero, considerando que es una obra breve, uno imagina que la trama empezará a dibujarse con más rapidez.

Por eso recomiendo: no pierdan las esperanzas en los primeros capítulos, lo mejor llega a su tiempo. Teresa se consolida en su papel de luchadora y Alice se gana el corazón del lector y, lo que es más importante, su empatía. 

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