Ya falta poco para acabar con la novela de Máxim Huerta y tengo que admitir que me sorprendió para bien.
Al principio me pareció una historia llana y que llegué a pensar en este libro como 'uno más del montón', una historia que se puede disfrutar pero que se olvida al poco tiempo. Pero imagino que esa sensación es provocada por un retraso en el comienzo (¿tiene sentido?) de la verdadera historia.
Me asusté un poco al ver que se trataba de una mujer que atraviesa la vida sin tomar riesgos, 'sin color', y que no había mucho más que revelar. Pero a medida que se avanza en la lectura se descubre otra historia mucho más interesante, que despierta a la protagonista, Teresa, y nos presenta a Alice, un personaje que nos lleva al París de 1920.
Y todo empieza con este cartel:


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