martes, 14 de enero de 2014

Los años de peregrinación del chico sin color

Una semana, un LibroLa segunda novela del año llega de la mano de Haruki Murakami, autor japonés de popularidad en crecimiento.

Los años de peregrinación del chico sin color nos lleva a la vida de Tsukuru Tazaki, un japonés de 36 años que tiene que hacer frente a un episodio traumático de su adolescencia.

Autor: Murakami Haruki

Editorial: TUSQUETS.

Colección: ANDANZAS. Edición 2013

Recomendación: para seguidores del autor y aficionados a la filosofía cotidiana (por decirlo de una manera)

La historia (o más bien la novela) la elegí por la sencilla razón de que me llamó la atención su argumento. Sin embargo tengo que admitir que lo que encontré en el relato de Murakami fue muy diferente a lo que esperaba.

Aclaro: la responsabilidad es enteramente mía, debí investigar mejor al autor para conocer su trabajo.

Dicen que es el autor japonés más popular del momento. Lo cual no significa que representa con fidelidad la literatura japonesa. Pero para ser sincera no conozco autores de este país por lo que mi opinión en esta área es prácticamente nula. Si alguien puede ilustrarme al respecto será bienvenido. 

Yo creo que me dejé llevar por el marketing y la publicidad que reviste a este autor, pero no puedo estar segura hasta leer otros libros de Murakami.


Aspectos técnicos


Antes de comenzar cualquier análisis o reseña tengo que confesar que no se trata de una novela que me haya apasionado. Y creo que en gran medida eso se debe a la manera en que escribe Murakami. 

Desde el principio me pareció que recurre mucho a las comparaciones, hay una por cada reacción y anécdota. Se vuelve un recurso muy utilizado y por momento cansador. 

De la misma manera abusa de las descripciones detallistas. En este punto, sin embargo, tengo que hacer una aclaración: aunque las descripciones me parecen demasiadas al avanzar en la historia comprendí que eran necesarias, es decir, el uso del recurso puede justificarse porque la historia lo requiere. 

Me pareció acertado el uso de frase cortas, porque ayudan al ritmo de la lectura, a que al lector avance por un relato repleto de filosofía (tema que profundizaré más adelante) sin sobrellevar un texto denso. 

El tema de la traducción por momentos se volvió un problema, porque usa el español de España, lo que imaginé antes de empezada la lectura por la editorial TUSQUETS. De cualquier manera la traducción se hace notar en el uso de palabras individuales que no alteran el sentido de una frase y mucho menos las ideas o planteos que propone el relato. 

Murakami no presenta la historia en orden cronológico, sino que intercala tiempos y escenarios teniendo como eje el presente. No es difícil seguir este orden y, en realidad, creo que es esencial para la historia y el desarrollo del personaje. En Los años de peregrinación… (y no sé si es así en otros libros de Murakami) lo importante no es el tradicional orden principio-nudo-desenlace, lo importante es reconocer la evolución interna del personaje, en este caso Tusukuru. De allí que funcione como un reloj suizo el orden de narración elegido por el autor japonés. 


Sobre la historia 

“Cuando [Tsukuru Tazami] conoce a Sara, una mujer por la que se siente atraído, empieza a plantearse cuestiones que creía definitivamente zanjadas. Entre otras, un traumático episodio de su juventud: cuando iba a la universidad, el que fue su grupo de amigos desde la adolescencia cortó bruscamente, sin dar explicaciones, toda relación con él, y la experiencia fue tan dolorosa que Tsukuru incluso acarició la idea del suicidio. Ahora, dieciséis años después, quizá logre averiguar qué sucedió exactamente”.
Así decidió Tusquets describir la trama de esta obra. A partir de allí podemos prever que será una obra personal, de conocimiento interno. De hecho, Murakami utiliza la tercera persona para narrar pero constantemente introduce al lector en la mente de Tsukuru. Todo lo vemos a través de los ojos de Tsukuru. De ahí que podamos ver la evolución del personaje.

Sin embargo en esta novela no logré sentir empatía por ningún personaje, ni siquiera por Tsukuru. Son protagonistas fríos, que se mueven en mundos surrealistas o que se desplazan de la realidad a la metáfora con mucha facilidad, haciendo que muchas veces se me aparecieran como figuras abstractas. 

Tsukuru Tazaki se presenta, por decirlo de la manera más sencilla –y hasta vulgar-, como un perdedor. Puede ser una mirada cruel pero es la sensación que me trasmite en la mayor parte del tiempo. Es un hombre frustrado, que no avanza, que está suspendido en el tiempo y lleva una vida automática. Él se define como el chico sin color, el autor lo presenta como el chico sin color y el lector lo percibe como el chico sin color. El encuentro de Tsukuru con Sara lo despierta del letargo en el que vive, que está dominado por la soledad y la alienación. Y si bien la historia nos permite acompañar a Tsukuru en su peregrinación hacia un desarrollo personal, al final de la obra no encontré que esa evolución fuera tan importante como para cambiar a Tsukuru. 

Los años de peregrinación… habla de la soledad como una parte inherente a la naturaleza humana. Y toda la novela se reduce a esa sensación. Lo cual no es, aclaro, una crítica negativa. Cuando antes mencioné una filosofía de la vida cotidiana me refiero justamente a eso: Murakami (desde Tsukuru) toma un sentimiento que todos conocemos y reflexiona en torno a él. 

Otra pausa: cada vez que pienso esta historia no puedo evitar preguntarme si la mentalidad occidental incide demasiado (porque estoy segura que algo incide) en el valor que le doy a esta obra. ¿Qué quiero decir? Que la evolución de Tsukuru para mí haya sido leve o sutil no significa que no haya estado allí; quizás la cultura asiática (y por lo tanto los asiáticos) reaccionan al cambio de un modo diferente al que podríamos hacerlo los occidentales. 

La relación entre los amigos, que es el eje de todo el relato, me parece poco real y para nada sana. Hay un grado de dependencia extremo que no puede ser sano. Por supuesto, solo conocemos la mirada de Tsukuru. En página 24 de esta edición Tsukuru habla de “unión armónica, sin perturbaciones”. Sara mira con sorpresa. El lector ya intuye un problema: no puede haber relaciones sin perturbaciones. 

Ahora bien, por momentos, cuando los personajes se mueven en la realidad concreta, la relación se percibe como un tanto enferma pero nunca se define como tal. 

A mitad de relato, cuando comienzan a aclararse un poco las cosas, el ritmo de la narración se vuelve más fluido porque la historia se vuelve más real y concreta. Pero no abandona el tinte reflexivo y filosófico. 


Final 


La novela me dejó en todos los aspectos con ganas de más. Al terminar de leer muchas cosas no quedaron claras o cerradas ni para mí ni para el propio Tsukuru, con la diferencia de que al protagonista pareció no importarle mientras que a mí sí. 

En este punto no me refiero al final concreto de la novela, que seguramente tendrá muchas críticas, sino a la necesidad de contar con una reflexión más realista de los sucesos de la historia. 

Respecto al final de Los años de peregrinación… me pareció acertado, porque –tal como dije antes- lo importante no es cómo o en qué situación termina Tsukuru sino su evolución y crecimiento.

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