martes, 7 de enero de 2014

Mil soles espléndidos

Una semana, un LibroPara comenzar mi proyecto ‘una semana, un libro’, elegí Mil soles espléndidos, la segunda novela del autor afgano, que cuenta la historia de Mariam y Laila, dos mujeres afganas de origen muy diferente y un destino que las une de por vida.

Autor: Hosseini, Khaled

Título original: A THOUSAND SPLENDID SUNS

Editorial: Salamandra

Traducción: Gema Moral Bartolomé

Recomendación: LEERLA


Khaled Hosseini siempre logra conmoverme hasta el llanto. Lo hizo con Cometas al cielo, también con Y las montañas hablaron y, como no podía ser de otra forma, también lo logró con Mil soles espléndidos. Pero no quiero que la grandeza de estas historias se pierda en  la facilidad que tienen para evocar las lágrimas.

Khaled Hosseini ofrece mucho más que relatos tristes. Este autor afgano nos deleita con historias universales -aun cuando se desarrollan en un país y una cultura que no son totalmente ajenas- bien contadas, personajes que siempre provocan una reacción del lector y sentimientos y sensaciones que se pueden identificar con facilidad. Son historias de familias y de relaciones entre personas. Ahí radica la magia de Hosseini.

Para comenzar mi proyecto ‘una semana, un libro’, elegí Mil soles espléndidos, la segunda novela del autor afgano, que cuenta la historia de Mariam y Laila, dos mujeres afganas de origen muy diferente y un destino que las une de por vida.

Mil soles espléndidos no me tomó por sorpresa. Antes de leer esta novela ya me había perdido en las páginas de Cometas al cielo y Y las montañas hablaron, con lo cual podía llegar a adivinar matices en el relato de la nueva historia. Pero quiero aclarar que el haber leído otras novelas de este autor antes no afectó en nada la lectura de una nueva, porque cada una de ellas me provocó de manera distinta, dejando sensaciones distintas. Primer punto a favor.

Hosseini sabe contar historias. Encuentro sus descripciones justas y simples y la trama no se pierde en adjetivos sobrantes o frases hechas. Pero además hace un buen uso del ritmo, y conoce de descansos (necesarios para no sofocar a los lectores) pero mantiene la historia siempre fluyendo, aportando nuevos escenarios y situaciones. La traducción, en el caso de esta editorial, es correcta y permite leer la novela sin sobresaltos o expresiones propias de una única lengua; por otro lado, el uso de palabras en idioma farsi o pastún es fácilmente entendible aun cuando no podamos encontrar el sentido literal de tales palabras.

Sobre la historia


El relato se centra en Mariam y Laila. La primera es harami, una bastarda, lo que en una sociedad como Afganistán marca fuertemente su destino. Laila, en cambio, nace en el seno de una familia bien formada, con un padre de pensamiento liberal que inculca a su hija la necesidad de buscar una vida mejor usando como instrumento la educación. No tiene sentido que cuente exactamente qué pasó en sus vidas para que ambas terminen forjando un lazo más que fraternal (aunque si alguien quiere discutir este tema podemos hacerlo), lo importante es que ese lazo existe y es fundamental en el desenlace de la historia.

Leí otras historias que tenían como personajes principales a mujeres de cultura musulmana. Pero en este caso las encontré más reales, más sufridas, más consumidas por la vida que vivían. El personaje de Mariam me resultó más difícil de entender pero incluso más real que el de Laila, en quien el lector puede evocar ciertos valores occidentales. En el caso de Mariam muchos de sus pensamientos y decisiones pueden hacernos ruidos porque, desde esta parte del mundo, no podemos entenderlas. Pero Mariam es, a mi criterio, el personaje más interesante, el que me provoca más cariño, más necesidad de justicia, más bronca.

Los otros personajes son hombres. Destaco tres: Yalil, el padre de Mariam; Tariq, una amigo de Laila; y Rashid, marido de Mariam y –posteriormente- de Laila. El primero es el más controversial, el que me pareció mejor ubicado en la cultura que relata Khaled Hosseini, un hombre que en una cultura machista y tradicional –por simplificar este argumento- se ve en la decisión de preservar su reputación (y la de sus esposas e hijos legítimos) o honrar la vida de su harami. No es difícil adivinar qué decisión toma.
Tariq y Rashid aparecen prácticamente como apuestos. Por momentos me parecían demasiado bueno (en el caso de Tariq) o demasiado malo (en el caso de Rashid). Pero esta sensación no perjudicó el relato para nada. De hecho, creo que poder identificar un personaje masculino bueno le da cierto respiro a una historia que no tienen descanso; cuando Tariq aparece uno respira e inevitablemente piensa ‘bueno, puede que todo empiece a mejorar’.

Algo es cierto: no podemos desprendernos de nuestros valores al leer la historia. De allí que puedo entender las acciones de Yalil pero sin embargo al terminar la historia, e incluso mucho antes, lo único que puedo pensar de este personaje es que es un cobarde. También noté esto cuando al terminar la novela mi madre, quien ya la había leído, me dijo ‘todo culpa de los hombres’ y yo asentí. Por supuesto en realidad es mucho más complejo que eso, pero es verdad que mi feminismo occidental (que aclaro, no es tan extremista) me lleva a culpar a los personajes masculinos de la historia por las desgracias que sufren los femeninos.

Pero este argumento pierde fuerza cuando pensamos en otros dos personajes importantes para la historia: las madres de Mariam y Laila. Ambas están fuertemente marcadas por la cultura de su país pero muchas de sus motivaciones surgen del resentimiento y afectan directamente a los personajes principales. En mi caso, no fue sino casi hasta el final de la historia que pude comprender y aceptar a estas mujeres y ver en ellas cualidades positivas.

Otro personaje, principal sin dudas, es Afganistán. Su historia, su geografía, su cultura e idiosincrasia. Es cierto que podemos identificar sensaciones y sentimientos de los personajes, pero sus reacciones, sus decisiones, la forma de pensar de cada uno está inserta en una sociedad específica que los moldea. El autor nos pasea por una gran parte de la historia de este país, y si bien entenderla por completo no es necesaria para apreciar la historia de Mariam y Laila sin duda son datos que no hacen más que enriquecerla. Afganistán para mí se convirtió en un personaje más: lo odié, lo amé, lo entendí, lo acepté y justifiqué, lo rechacé.

Pero con Mil soles espléndidos me ocurrió algo inesperado: mi ignorancia respecto a la vida en Afganistán y lo que sucede y sucedió allí hacían que la historia me pareciera poco creíble. Al terminar la novela tuve la necesidad de investigar, de ver imágenes, de entender un poco mejor la historia de este país y su gente. El resultado: Khaled Hosseini no parece errar en sus descripciones y relatos. De pronto la historia de Laila y Mariam parecía más un hecho verídico que una historia de ficción. Quizás me equivoque. Quizás no sepa discernir entre la información real y la inventada o exagerada. Tal vez la única forma de entender Afganistán es viviendo y experimentando el país. No importa. Mil soles espléndidos abrió una pisca de curiosidad que me acerca más –aun cuando todavía esté muy lejos- a una cultura diferente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario