El penúltimo sueño es una novela romántica que nos abre las puertas a dos –y algunos podrán decir tres o más- historias de amor. Comienza con la muerte misteriosa de Joan y Soledad, dos ancianos que esconden una gran relación marcada por la distancia, las separaciones, las diferencias de clases sociales y los prejuicios. Por otro lado, están los respectivos hijos de Joan y Soledad, Andreu y Aurora, que en la búsqueda de respuestas encuentran y descubren nuevos sentimientos y sensaciones de las que no podrán escapar.
Sobre gustos no hay nada escrito. Hay quienes disfrutan de este tipo de novelas y me parece muy bien, pero yo trato de huirles. Dicho esto puedo prevenir a quienes se atrevan a leer estas líneas: mi reflexión no será muy favorable.
Aspectos más bien técnicos
En mi entrada anterior, me preguntaba si El penúltimo sueño trataría sobre una historia de amor cursi a lo Nora Roberts. Afortunadamente no es así, ya que esta novela presenta una historia compleja y una forma de relatarla de una poética un tanto sofisticada. Pero creo que la autora abusa de este recurso, que puede resultar ideal para novela románticas, y nos regala un texto edulcorado en demasía.
El penúltimo sueño parte, a mi criterio, de una idea original que abre la puerta a muchas posibilidades. Ángela Becerra tiene un don para describir sensaciones y sabe cómo utilizar metáforas y comparaciones. El problema, como mencioné antes, es que utiliza demasiadas y en lugar de parecer un relato mágico y romántico la autora cae en lugares comunes.
Personajes
Los personajes de El penúltimo sueño son estereotipos de la punta de la cabeza a la punta de los pies. Joan Dolgut se presenta como el hombre guapo, pobre de riquezas materiales pero rico en sentimientos, capaz de dar la vida por ellos; Soledad Urdaneta, ‘o niña del aire’, es la damisela de clase alta, delicada y hermosa, posiblemente demasiado hermosa para una vida terrenal, que pierde la cabeza y el corazón, por un hombre de clase social inferior y que ante la negativa paternal para amarlo decide hacer pucheros y encerrarse en su cuarto.
Andreu y Aurora tampoco escapan a los estereotipos, sólo cambia el estrato social. Andreu, hijo de Joan, pertenece a una vida glamorosa y abundante de riqueza pero carente de amor y sentimientos reales –por supuesto, es tan apuesto como lo fue su padre en su juventud-; Aurora es una mujer que vive con lo justo, si bien no es feliz cuenta con el amor de su hija y, tal como su madre, posee una belleza que despierta lo mejor en los hombres, casi angelical.
El resto de los personajes también responden a estas descripciones simplificadas de la literatura. Por ejemplo, el padre de Soledad representa a un hombre de clase alta, empresario poderoso, protector de su familia y altamente conservador. Cuando los sentimientos de su hija hacia Joan afloran actúa como probablemente el lector espera que lo haga. No hay sorpresas.
Pubenza, la prima de Soledad, probablemente es el personaje más interesante. En el comienzo es la cómplice leal en la historia de ‘la niña del aire’, pero cuando ve amenazada su propia vida de conformidad debe darle la espalda a los caprichos de su prima. Ángela Becerra crea un personaje interesante, que tiene en verdad un debate interno más creíble que el de los personajes centrales.
El desarrollo de los personajes, su evolución a lo largo de los años, no es muy complicado de adivinar. Pero creo que la autora no intentaba sorprendernos con esto sino más bien permitir a los lectores que puedan acompañar a los personajes en dicha evolución, sentir felicidad con ellos, compartir sus tristezas, festejar sus triunfos y aliviar sus derrotas y fracasos.
La historia se desarrolla entre Francia, España y Colombia. Pero no pude enamorarme de las calles ni los paisajes de dichos países. Creo que tiene que ver con que la lectura y la narración centran toda la atención en los personajes.
Trama
El penúltimo sueño tiene un comienzo interesante: dos ancianos vestidos de novios aparecen muertos (no se preocupen, no adelanto nada que sea relevante para el resto de la trama). Cualquier desenlace puede surgir de este comienzo.
Sin embargo la autora no crea un mundo muy sorpresivo ni giros que dejen interrogantes o urgencias en el lector. Sé que se trata de los personajes, eso quedó claro, pero al avanzar con la lectura podía adivinar qué pasaría y qué no, dejándome un poco decepcionada.
A esto tengo que agregar que el final llega rápido, con historias que terminan con finales fáciles y sin desarrollo. Por momentos parece que la autora se cansó de pensar en comparaciones lindas y metáforas del amor y decidió dar por terminada la historia.
Para quien no cree en almas gemelas o amores únicos e irrepetibles esta novela parecerá un poco infantil e ingenua. Se disfruta si se dejan los prejuicios de lado y se permite disfrutar una historia de amor alejada de la visión realista y las premisas del mundo moderno.

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